US Open de Pickleball en Naples: todo lo que hay que saber del torneo más grande del mundo
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Sobre el papel, el US Open de Pickleball es el torneo más impresionante del mundo. Con cerca de 3.500 jugadores, más de 65 pistas, miles de espectadores y una cobertura mediática que crece cada año, es el evento que mejor resume la dimensión que ha tomado este deporte en pocos años. Detrás de ese escaparate, sin embargo, el torneo tiene una historia, una identidad y, sobre todo, particularidades políticas que lo distinguen radicalmente de las demás grandes citas del circuito. Esto es todo lo que hay que entender.
Naples, Florida: el mayor complejo de pickleball del mundo
El US Open se celebra cada año en el East Naples Community Park, en el sur de Florida. La sede fue rebautizada en 2026 como «USOP National Pickleball Center», pero todo el mundo la sigue conociendo por su nombre histórico. Con sus 65 pistas alineadas a lo largo de varias hectáreas, es sencillamente la mayor infraestructura dedicada al pickleball del mundo. A modo de comparación, la sede del Skechers Pickleball Paris Open 2026, que será el mayor torneo europeo, acogerá unas decenas de pistas efímeras dentro de un recinto parisino, un orden de magnitud muy diferente.
Este gigantismo tiene un reverso: a pesar de las 3.500 inscripciones aceptadas cada año, el torneo rechaza miles de candidaturas por falta de espacio. El US Open no es un torneo profesional cerrado, es un enorme pro-am donde los mejores jugadores del mundo conviven con aficionados llegados a disputar su categoría de edad o nivel. Esa mezcla es rara, y es parte de lo que ha forjado la leyenda del torneo: un jubilado de Carolina del Norte puede cruzarse, en un pasillo entre dos pistas, con una de las estrellas del circuito profesional camino de su partido.
Una particularidad política mayor: ¿dónde están los profesionales UPA?
Para entender el US Open hay que entender la guerra fría que estructura el pickleball profesional estadounidense. La United Pickleball Association (UPA) es la matriz del PPA Tour y de la Major League Pickleball, los dos grandes circuitos que reúnen a la inmensa mayoría de los jugadores profesionales del top mundial. Por decisión contractual entre la UPA y sus jugadores con contrato, estos no pueden, salvo escasas excepciones, participar en el US Open.
Eso significa que la mayoría de los cabezas de cartel habituales del circuito no están en Naples. Es una singularidad enorme para un torneo que se llama «US Open». Imagine Roland Garros sin el 80 % del top 50 mundial: eso es más o menos lo que representa el US Open de pickleball en su lado profesional. No quita nada al interés deportivo, pero cambia la lectura. El US Open es menos una competición para coronar a los verdaderos números uno mundiales que un escaparate institucional para los jugadores fuera de la UPA y los aficionados de todos los niveles.
Este contexto explica también por qué la dominación de marcas como JOOLA en el PPA Tour no se refleja mecánicamente en los podios del US Open. Las excepciones a la regla UPA, cuando se dan, suelen producir los momentos más memorables del torneo.
Anna Leigh Waters: la excepción que salva la lectura deportiva
La excepción más notable de las últimas ediciones es Anna Leigh Waters. Número uno mundial indiscutible a los 19 años, GOAT femenina de la disciplina, obtiene cada año una autorización para participar. En 2026 ha conseguido su tercer título consecutivo en dobles femenino, asociándose como de costumbre con su madre Leigh Waters. En dobles mixto formó pareja con Jay Devilliers, otra excepción UPA, y ganó una final antológica salvando 16 puntos de partido para imponerse 11-9 en el tercer set.
Su presencia da al torneo su credibilidad deportiva. Sin ella, el US Open sería visto en gran medida como una competición de segundo nivel en lo profesional. Con ella, es un evento que enfrenta a la mejor jugadora del mundo a la mejor resistencia que pueden organizar los no UPA. Los demás podios principales de 2026 vieron a Jack Munro y Richard Livornese ganar el dobles masculino, a Kat Stewart en individual femenino (Waters no participaba), y a Dusty Boyer en individual masculino.
El cuadro amateur: la verdadera singularidad del US Open
Donde el US Open no admite comparación es en su cuadro amateur. Durante una decena de días, miles de jugadores se enfrentan en decenas de categorías: por edad (de 19+ a 80+ por tramos de 5 años), por nivel (3.0, 3.5, 4.0, 4.5, 5.0+ según la clasificación DUPR) y por categoría de juego (individual masculino, individual femenino, dobles masculino, dobles femenino, mixto). Es un hormiguero organizado donde cada jugador encuentra su sitio y su cuadro.
Esta apertura explica el atractivo internacional del torneo. Vienen jugadores desde Canadá, México, Japón, Australia e incluso algunos pioneros europeos. Para muchos, jugar el US Open de Naples es la versión pickleball del peregrinaje a St Andrews para los golfistas o a Wimbledon para los aficionados al tenis: una experiencia que se vive al menos una vez, sea cual sea el resultado deportivo.
¿Y a nivel profesional fuera de la UPA, a quién se mira?
El US Open sigue siendo seguido de cerca por la industria, porque en sus cuadros profesionales emergen los jugadores que podrían incorporarse al PPA Tour o a la Major League Pickleball. El torneo sirve regularmente como trampolín. Los jóvenes fenómenos suelen curtirse allí frente a jugadores experimentados, y algunos prodigios, como Kelly Goodnow, de 14 años, recién fichada por la PPA, son observados con lupa por los reclutadores de las escuderías profesionales.
En el plano del equipamiento, el US Open es también un terreno de observación para los fabricantes. Con tantos jugadores presentes, es la ocasión ideal para observar las tendencias reales: qué proporción de palas de carbono T700, qué marcas suben, qué pelotas dominan. En Naples, por ejemplo, se vio el año pasado el peso creciente de las nuevas escuderías profesionales que estructuran ahora la Major League Pickleball.
Por qué el US Open cuenta a pesar de todo
A pesar de su cuadro profesional truncado, el US Open sigue siendo un torneo único. Representa la unión entre el pickleball recreativo estadounidense, el que ha provocado el boom del deporte, y el pickleball profesional emergente. Es también un barómetro de la salud global del deporte: si el US Open sigue rechazando inscripciones cada año, es que el crecimiento no ha terminado. Para los jugadores franceses que algún día quieran hacer el viaje, es una experiencia aparte: pasar diez días en un complejo gigante donde solo se juega, se come y se respira pickleball, en un marco que no tiene equivalente en el mundo. Y, quién sabe, quizá cruzarse con Anna Leigh Waters al doblar una pista. No es Wimbledon, pero es otra forma de mitología deportiva en construcción.